Soy José Luis García y soy enfermo cardiaco. Tengo 52 años. En estos días hace cuatro años que me dieron 3 infartos agudos de miocardio seguidos. Fue todo muy rápido y tuve mucha suerte pues esa tarde no había ido a trabajar porque quería ir con mi mujer a Granada a pasar la tarde. Después de comer empecé a sentir un fuerte dolor en el estomago. Un dolor muy extraño y persistente que me estaba poniendo de mal carácter (¡debe ser que mi subconsciente sabía lo que era!). Decidí acudir a urgencias de Armilla, donde está mi domicilio, ya que aquello no remitía e iba a más. Llegué justo y saltándome todos los protocolos me introduje en la sala de consulta del médico de guardia. Hasta aquí puedo contar pues a partir de esa entrada ya no tengo ningún recuerdo. Mi mujer que había ido a aparcar mientras yo entraba ya me ha contado lo siguiente.
Que empecé a decir que “por qué me ponían nada en el dedo (el aparato que mide la frecuencia cardiaca y la oxigenación en sangre) si a mí me dolía el estomago”. Ya había perdido la consciencia. Instantes después perdí el conocimiento y por suerte el médico se dio cuenta de que era un infarto. Me pusieron tres veces el desfibrilador y no daban por seguro que saliera de esa. Mientras llegó la UVI móvil para el traslado al hospital. Me llevaron al Clínico y me recuperaron, pero allí no estaba la persona adecuada que podría sacarme del hoyo, así que llamaron al Ruiz de Alda y les dijeron que me trasladaran, pues allí podrían operarme. Nuevamente subí a una UVI móvil para recorrer los
Allí me pusieron 3 stents y estuve 3 días inconsciente, desnudo y rodeado de hielo para que el cerebro no sufriera daños.
¡¡¡Y salí adelante!!! Me desperté sin saber exactamente que había pasado, aunque empecé a recordar todo el episodio.
Siete días en planta y a casa con el tratamiento (7 pastillas al día).
La verdad es que la recuperación fue rápida. A ello contribuyó el apuntarme a rehabilitación cardiaca en el Clínico. Fueron 3 meses estupendos: haciendo ejercicio, conociendo mis nuevas limitaciones físicas y conociendo nuevos amigos y amigas que estaban en la misma situación (de hecho somos 4 hombres y 1 mujer que a raíz de aquel afortunado – pues estábamos vivos – encuentro, seguimos viéndonos cada cuatro o cinco meses y quedamos a comer y a pasar la tarde, ¡riéndonos de nosotros mismos!).
Después de aquella fase me apunté a la Asociación de Enfermos del Corazón de Granada, donde sigo haciendo ejercicios de rehabilitación y donde he conocido a otros cuantos compañeros y compañeras en la misma situación y con las mismas ganas de salir adelante llevando una vida saludable.
Mi vida ha cambiado en lo laboral bastante. Antes trabajaba en la calle repartiendo botellas de agua de... ¡19 litros ! Son para las fuentes de agua que se instalan en oficinas y empresas. Menos mal que como la empresa era familiar ahora la lleva mi mujer, pues como podéis deducir ya no puedo cargar esos pesos ni estar todo el día subiendo y bajando de una furgoneta. Colaboro con ella haciendo alguna tarea que me solicita (ordenador, ir al banco… poca cosa). Y ¿como ocupo el tiempo?
Pues empiezo las mañanas dando un paseo de hora u hora y media. Todos los días del año, salvo contadas excepciones, y salvo los martes y jueves que a las nueve estoy en el gimnasio de la Asociación. En estos días salgo un poco más tarde por los fríos que estamos padeciendo, pero el resto del año, a eso de las 8 y media, ya estoy en la calle. Cuando vuelvo a casa me relajo un ratito y realizo las tareas que os comentaba antes. A media mañana me como una manzana y le echo un ojo al periódico. Comemos, y después una cabezadita en el sillón, sigo con la lectura por la tarde hasta la hora de la cena. También voy con mi mujer al cine, o a Granada de compras.
Y en eso ha cambiado mi vida. Ahora es mucho más tranquila y reposada por exigencias del guión. No echo de menos la alimentación que hacía con anterioridad al infarto, puesto que ahora llevo una mucho más equilibrada y saludable. Mucha verdura, legumbres, fruta y pescado. Poca carne (sólo pollo sin piel y conejo, ¡salvo alguna excepción de un buen solomillo a la plancha!), yogures y leche desnatados, nueces y almendras para merendar, y… mis 2 vasitos de vino tinto en la comida (en la cena no, porque tengo que tomar la medicación).
En lo referente al sexo, pues que os voy a contar a muchos de vosotros y vosotras. Hay menos actividad. En mi caso, me cuesta mucho más conseguir la erección. Además el médico no me quiere recetar nada porque dice que me lo limita mi tope de pulsaciones recomendables. En fin que me dice que tenga paciencia y que practique mucho que todo se consigue. Y, ¡¡en ello estamos!!
Para mí ha sido básico el ejercicio y el cambio de hábitos alimentarios. Eso me ha dado mucha confianza pues en toda la analítica que me he hecho desde el infarto, todos los parámetros han ido mejorando y, hoy por hoy, puedo decir que mi estado de salud es estupendo.
¡A seguir esas dos pautas os animo!
Un abrazo,
José Luis, Paciente formador del Aula de Insuficiencia Cardiaca.
