EL ESTRÉS; LA EMOCIÓN QUE MÁS SE LLEVA

Por Escuela de Pacientes - 2:24

Con el buen tiempo llegan las dietas milagro, vuelven “estos kilos me sobran” o “tengo que perder la barriguita”… todo ello para sentirte mejor contigo mismo, pero, ¿has pensado en tus emociones? ¿Cómo las vas a cuidar? Quizá, ahora que empiezas a cuidarte más, es importante que no dejes atrás ningún aspecto de ti mismo.

Las emociones nos ayudan a adaptarnos al contexto en el que vivimos. Tanto las agradables, como la alegría o la satisfacción, como las desagradables, como la tristeza o la rabia, contribuyen a que nos desenvolvamos en nuestro entorno. Todas son necesarias.

Hace muchos años, se consideraba que las emociones se ubicaban en el corazón. Posteriormente, muchos estudios demostraron que en determinadas zonas del cerebro se localizaban los sentimientos. Actualmente conocemos con certeza donde se sitúan nuestras emociones: en todo nuestro cuerpo.
Cuando te alegras, entristeces, estresas o enfureces, se producen cambios físicos desde el pelo, hasta los pies.
Vivimos en un entorno que se modifica constantemente y no siempre resulta sencillo adaptarse a estos cambios. En la actualidad, han aparecido algunos factores que incrementan el malestar general. Por ello se ven afectadas las ideas, costumbres y prioridades de cada uno de nosotros.

            Cuando hablamos de crisis económica, debemos ser conscientes de que la crisis no solo afecta a la cantidad de euros que una familia ingresa al mes. La crisis económica puede convertirse en muchos casos en crisis de expectativas, de motivación, de energía, de disfrutar del tiempo libre, de familia y matrimonios, de autoestima…

Es por ello que el estrés es una emoción con gran impacto en medio de todo esto, con la consiguiente repercusión en la salud. Para muchas personas se hace realmente complicado pensar que posee o cuenta con los recursos necesarios para afrontar esta situación y adaptarse a ella. Con lo cual, al vivir en un entorno más demandante y con menos recursos, aumenta el número de personas que padecen estrés.

Celia Ramos Durán

El estrés es la respuesta que da nuestro organismo ante un esfuerzo por adaptarse al entorno. Cuando percibimos que las exigencias del medio en que vivimos son muy altas y no tenemos capacidades suficientes para atenderlas adecuadamente, estamos estresados. Aunque hay entornos más y menos demandantes, el estrés es una emoción. Esto quiere decir que es una experiencia subjetiva, cuya intensidad depende de cada persona y  cuyo origen se encuentra en el interior de cada uno.

Cuando tienes muchas exigencias, pero sientes que controlas la situación y que puedes con ella, no tienes estrés. Puedes tener prisa, o mucho trabajo o poco tiempo libre, pero no estrés. Te estresas cuando dudas de tus aptitudes para resolver una circunstancia que posee relevancia para ti. Es por ello que el estrés se encuentra muy relacionado con la autoestima. Si conoces tus capacidades y sabes hasta donde puedes llegar, es menos probable que el estrés repercuta en tu día a día.

Por ello, siempre que te estresas pasan dos cosas que podrás detectar fácilmente:

1) sientes que debes atender satisfactoriamente una situación importante y relativamente urgente
2) dudas de tu capacidad para hacer que eso ocurra
            Es por todos conocido, que el estrés perjudica la salud mental y física, pero ¿Cómo lo hace? ¿cuál es su modus operandi?

            El estrés utiliza dos mecanismos para “robarte” la salud:

1)       Forzando un ritmo acelerado en tu organismo. Cuando te estresas, tu corazón se acelera, sube tu presión arterial, tu tensión muscular aumenta,… Tu cuerpo está preparado para salir corriendo, es como pisar el acelerador. El estrés, aunque hoy en día esté de moda, nos acompaña desde hace siglos. Era la respuesta adecuada cuando el hombre prehistórico tenía que correr tras una manada de lobos… y aunque nuestro cuerpo se sigue preparando físicamente, son muy pocos los casos en los que necesitamos realmente salir corriendo. Cuanto más pisemos el acelerador, se hace más probable que el motor se desgaste.
2)       Aumentando la frecuencia e intensidad de conductas poco saludables. Sabemos y tenemos claro que comportamientos como fumar, no hacer deporte o tener una dieta rica en calorías son factores de riesgo que perjudican nuestra salud. El comportamiento es lo que hago y también lo que no hago, y el estrés tiene una influencia importante en la conducta. Así, cuando estamos estresados, generalmente comemos peor, fumamos más, llevamos una vida más sedentaria y dejamos muy poco espacio para el disfrute personal. Cuando hablamos de hábitos saludables, hablamos de comportamientos saludables, y el estrés se interpone entre tú y dichos comportamientos.

En conclusión, el estrés es un factor de riesgo muy importante, tan importante como la dieta, el tabaco, o la actividad física. No lo descuides. La decisión de solicitar ayuda profesional, es algo muy personal. Nadie puede decidir por ti a la hora de pedir consejo a un experto. No obstante, existen algunos indicadores muy sencillos que pueden orientarte acerca de la necesidad de recibir tratamiento psicológico:

1) El estrés es demasiado intenso. Estás viviendo una situación que te resulta excesivamente costosa de llevar y te genera un gran malestar.
2) Existen muchas situaciones que te causan estrés. No vives una situación que sea demasiado estresante, pero tienes muchas “pequeñas situaciones” que añaden malestar a tu rutina.
3) El estrés es muy duradero. Llevas estresado mucho tiempo.

¿A qué esperas? Hoy mismo puedes empezar a CUIDARTE, en mayúsculas.

Celia Ramos Durán
@psicocardióloga

www.pueris.com

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