Vamos llegando al final, el cansancio y las ampollas van haciendo mella. Pero nuestra debilidad se convierte en fortaleza, el grupo se preocupa de los más afectados: "¿Cómo esta ese cuerpo?" "¿Cómo van los pies?" "¡Aquí estamos, dispuestos". "¡Animo!" La noche anterior el salón se convierte en una improvisada sala de curas, los profesionales hacen gala de su buen hacer vendado heridas.
Hoy hemos salido puntualmente, como siempre, tras un desayuno dinámico: "¿Dónde esta el pan?" "¿has visto la fruta?" "¿no queda café?" "¡pásame el zumo!". Nos afanamos como hormiguitas dando vueltas alrededor de los abundantes alimentos y los laberintos de las mesas.
Esta puntualidad tiene su reconocimiento nada más montarnos en el autobús por nuestro guía “el Tali”: "en primer lugar daros las gracias". Eduardo está, como siempre, en el pasillo: "¡echa pa’yá!"
El sol vence tinieblas por campiñas lejanas, las nubes se desperezan, ha llegado la nueva etapa. Las nubes juegan con nosotros. Aparecen y desaparecen, entramos y salimos de ellas.
Nos hacemos las primeras fotos del día que son para enviar a nuestros familiares con guasa: "¡Haznos una foto pa nuestros niños!", "¡una foto pá mi nieto!"
Comenzamos a andar, el maíz, las viñas, el agua y las piedras nos acompañan. Todo discurre con normalidad como si lo hubiéramos hecho toda la vida, como si no hubiera una organización, pero la hay. Hay personas que ya han estudiado la etapa, donde se puede comer, quién está mas lesionado… personas que se han echado a sus espaldas que esto sea una buena experiencia y que se fortalezca la comunidad, sin ellas esto no funcionaría. De alguna forma, todos queremos colaborar para que esto se así. Vemos como la cabeza se coordina con la cola con los walquis.
Nos adentramos en el bosque verde y exuberante, Estrella Morente canta:
"Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo, platearon mi sien, sentir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada.
Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar, pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar.
Guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón..."
El camino es quebrado, en muchas ocasiones no vemos a los compañeros, pero sabemos que están ahí, eso nos da paz y seguridad, esto nos pasa en nuestra vida, más a los que hemos tenido que pasar el camino, de la enfermedad. Sabemos que están y nos acompañan, que no nos dejaran en la cuneta. En un recodo nos espera Jorge, el conductor, con el Lemus, parece que siempre esta detrás de tí. El paisaje cambia pero a la vuelta de cualquier camino aparece con su autobús, como el caballo blanco de aquél al que nos encaminamos. A su sombra descansaremos, nos encontraremos todos, comentaremos lo bueno y las dificultades del camino, nos interesaremos los unos por otros, repondremos fuerzas y continuaremos el camino con la certeza de que no estamos solos.
En un cruce de caminos encontramos a los de Protección Civil que nos ofrecen sellarnos la credencial una vez más. Hace poco hemos parado, como tantas veces, a tomar café y sellar, por este orden, en uno de las muchas cafeterías que ofrecen un descanso y el sello a los peregrinos. Esta vez, nos hemos contagiado en la compra de lotería de navidad. A ver si salimos de esta crisis maldita que nos castiga, aunque sabemos que la salida de verdad es otra.
Se oye una voz artificial que dice "¡siga las instrucciones, prepárese después de la señal". Es el desfibrilador que se ha disparado por error en busca de un paciente, que afortunadamente no ha encontrado porque no ha hecho falta; pero que han cargado a sus espaldas los sanos por si acaso, está todo pensado sobradamente, igual que la solidaridad.
El camino de hoy es de los más bonitos de las jornadas que llevamos. Mucho verde, agua, musgo, vid, maíz y las “casitas” de piedra gallegas.
Por fin llegamos a Padrón, donde los pimientos pican, unos si y otros no. La etapa acaba en una plaza con una magnifica arboleda al lado de un gran río. En esta, los cardíacos peregrinos toman una “cardiosaludable” comida, hasta aquí puedo contar, porque “lo que pasa en el camino queda en el camino”.
Un peregrino con corazón


